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¡Vamos a celebrarlo!

Por Ramón Sánchez-Ocaña

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El tiempo es eso que transcurre entre dos hechos. Como todos los problemas filosóficos –y el tiempo lo es– este enunciado simple no le resta complejidad al concepto.

No todos tenemos la misma percepción del tiempo. Y no transcurre igual ni para todos ni en todo momento. Los minutos con un dolor de muelas en la noche, pasan con una lentitud exasperante, mientras que en una final de fútbol, los noventa minutos se van en un vuelo. Eso lo sentimos todos. Y por eso, objetivamente hay que medir eso que transcurre entre dos hechos para tener una idea del tiempo.

Lo mas curioso es que, por ejemplo, quien vive muchos hechos -digámoslo así– vive mas tiempo, dispone de mas tiempo, aunque las horas sean las mismas. No es un sofisma. Siempre se dijo que los políticos envejecían muy deprisa. Hay quien sostiene que es por el estrés de su cargo. Pero parece mas lógico pensar que ellos tienen que decidir de manera constante. Y si vivir es decidir, los políticos viven mucho mas. O al menos mas deprisa. Prueba de ello es que cuando vemos las fotografías de un líder de hace unos años y las comparamos con imágenes actuales observamos un rápido envejecimiento. Ciertamente, es un duro tributo que pagan porque su tiempo transcurre mucho mas deprisa. Pero transcurre.

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A donde queríamos llegar después de este juego filosófico, es a que precisamente nosotros, para ser conscientes de nuestro tiempo, salpicamos nuestras vidas de una especie de mojones. El santo, el cumpleaños, el aniversario de boda, la Navidad . No son días distintos, evidentemente. Uno esta igual el dia 24 que el dia 27 Sin embargo celebrarlo, recordarlo, sirve para poner la memoria en presente y para adquirir conciencia de tiempo.

Porque a lo largo de la vida tenemos percepciones totalmente distintas. A un niño de cinco años le ofreces un triciclo para el año que viene y le parece poco menos que nunca, porque un año es la quinta parte de su vida. Sin embargo nosotros pensamos en el año que viene y ya se nos echa encima. Porque tenemos ya decenas de años conscientes. Por eso esa expresión tan usual de “¡Cómo pasa el tiempo!”.

Precisamente para que eso no ocurra de manera inconsciente, para que no estrenemos un calendario sin habernos dado cuenta, es bueno poner esa especie de indicadores, como etapas, que nos van diciendo de la mejor manera posible que hace tantos años que te casaste, que hace tantos años que naciste, que es Navidad y que empieza un nuevo año.

Aunque no sea más que para no ratificar aquella frase de Lenon: la vida es eso que te va pasando mientras tu te empeñas en hacer otros planes.

Feliç nadalRamón Sánchez-Ocaña. 

 

 

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