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El cigarrillo electrónico se cuela en los institutos

El uso del dispositivo en espacios públicos empieza a generar conflictos. Muchos padres los compran a sus hijos adolescentes para que dejen de fumar tabaco. Salud quiere presionar para que la norma antitabaco se aplique al 'e-cig'.

El cigarrillo electronico se cuela en los institutos

Cuando ya se había desterrado el tabaco de los espacios públicos, aparece el cigarrillo electrónico y, aprovechando un vacío legal, irrumpe en los restaurantes, oficinas, transportes públicos, locales nocturnos y, incluso, a los centros educativos de secundaria y en las universidades. De momento, son casos puntuales, pero el cigarrillo electrónico se ha colado incluso dentro de las aulas. Varias tiendas especializadas confirman que, además de los clientes que quieren dejar de fumar o los que quieren seguir haciendo en espacios donde está prohibido, un segmento importante de compradores son padres y, sobre todo, madres que compran el dispositivo para sus hijos, a menudo adolescentes, con el objetivo de que dejen el tabaco.

Las limitaciones que impone la ley del tabaco no son, al menos de momento, aplicables al cigarrillo electrónico - o e-cig , como ya se denomina en terminología anglosajona-. Así pues, el conflicto está servido: ¿podemos exigir a un usuario de cigarrillo electrónico que se abstenga de usarlo en el metro, en el trabajo o en un bar? Con la ley en la mano, parece que no. ¿Se puede prohibir el uso en los institutos? Por ahora, la vía para hacerlo de manera inmediata serían las normativas internas. De momento, ni Enseñanza ni salud han hecho recomendaciones específicamente dirigidas a los centros educativos.

El único sector que ha prohibido expresamente el uso de los cigarrillos electrónicos, equiparándolos a los convencionales, ha sido la red de centros sanitarios. Fue un primer paso que Salud quiso mostrar como medida ejemplar. De momento, sin embargo, el ejemplo no se ha seguido mucho. O, como mínimo, no de manera expresa y firme.

El director de la Agencia de Salud Pública de Cataluña (ASPC), Antoni Mateu, reconoce que la administración está siendo "lenta" a la hora de reaccionar y de actuar. Mateo asegura que en el Departamento de Salud hay una "gran preocupación", ya que la irrupción del cigarrillo electrónico "pone en peligro el esfuerzo de muchos años" contra el tabaquismo. La razón de este temor no es tanto el efecto que el consumo de cigarrillos electrónicos puede tener en la salud -que también- , sino el hecho de que, según Mateo, su uso "desnormalizar" lo que ya todo el mundo ve como normal y casi nadie discute: que los espacios públicos no se fuma.

A "vapear" ¿Cómo Funciona?

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Imagen EL CORREO

El pasado jueves, en la comisión de Salud del Parlamento, el conseller, Boi Ruiz, hizo balance de la atención sanitaria del primer semestre del año y mencionó la irrupción de los cigarrillos electrónicos como una de las principales "amenazas" de la lucha contra el tabaquismo. Al día siguiente, se reunió el Consejo Asesor del Tabaquismo, un organismo del que se espera que se pronuncie pronto sobre el tema y haga recomendaciones concretas. Por ejemplo, el consejo podría recomendar al Departamento de Salud que solicite al Ministerio de Sanidad la aplicación de la ley antitabaco a los cigarrillos electrónicos, en cuanto a las limitaciones tanto del consumo como de la venta y la publicidad. Pero también se podría tomar el atajo y plantear la actuación del gobierno, para que promueva actuaciones específicas en Cataluña a través del Parlamento.

En Cataluña, el tabaco provoca una muerte cada hora de manera directa o indirecta. Son 8.400 muertes al año. Alrededor del 28% de la población de más de 15 años es fumadora habitual u ocasional. Reducir al máximo la incorporación de nuevos fumadores jóvenes es uno de los ejes básicos de la lucha contra el tabaquismo. Y el cigarrillo electrónico supone una amenaza en esta estrategia, ya que, según Mateo, podría convertirse en " la puerta de entrada" de una nueva generación de fumadores.

El mercado de los cigarrillos electrónicos mueve unos 1.500 millones de euros anuales en todo el mundo y unos 450 en la Unión Europea. La Sociedad Española de Neumología ha advertido que el hecho de que sea un producto nuevo y que se pueda encontrar con gustos diferentes lo hace especialmente atractivo para los jóvenes. Según un estudio realizado en el Reino Unido y publicado en la revista American Journal of Preventive Medicine, los jóvenes son los que más conocen el producto y están al frente de este consumo. Otro estudio llevado a cabo por los Centros de Control de Enfermedades y Prevención (CDC) de los Estados Unidos reveló que en 2012 el 10 % de los estudiantes de institutos estadounidenses tenían un cigarrillo electrónico, cuando el año 2011 eran el 4,7%. El estudio constató que el 76,3 % de los alumnos que utilizan el dispositivo continúan consumiendo tabaco convencional.

Antoni Mateu alerta del riesgo de que el e-cig convierta en un símbolo de modernidad equiparable a lo que ocurrió en los años sesenta y setenta con el tabaco. De momento, el Parlamento Europeo ha rechazado considerar el cigarrillo electrónico un producto medicinal y la equipara al tabaco convencional, aunque la mayoría de estados no tienen una regulación clara sobre su uso.

MARTA CIÉRCOLES - El PUNT AVUI+

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