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ADOLESCENTES: Los hemos dejado solos

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Los expertos consideran insuficiente y errónea la atención a la adolescencia en una sociedad que ha cambiado.

Los cambios sociales en los jóvenes

LA EDUCACIÓN La escuela ya no sirve como vía de inserción laboral, debe incidir en construir personas

NUEVAS TECNOLOGÍAS Los chicos se han conectado en masa sin que nadie les haya avisado de los riesgos

CRISTINA SEN – LA VANGUARDIA

"Mi madre es como Mourinho, que siempre ve un partido diferente al que he visto yo". Quien lo dice es Gustavo, en una sala llena de adultos dispuestos a debatir sobre la adolescencia en busca de una mirada desestereotipada de este periodo de la vida y a hacer autocrítica. Lo nuevo, para empezar, es que en estas jornadas hoy también hay chicos y chicas, que poco a poco se van soltando y explican como ven la vida y ese muro que sienten que les separa de los mayores. Y también hay algunos padres, que dejan entrever el cabreo que llevan. "La comunicación se reduce por sus propios prejuicios, no por nosotros", señala Joaquín, un padre.

Entre esta visión de la madre como Mourinho y las consideraciones de Joaquín podría parecer que las cosas no van a ir bien. Pero por lo menos se está hablando. No suenan los móviles, no se miran las pantallas, se conversa. Este es uno de los grandes déficits que señalan los expertos. Hoy los adultos no hablan con los jóvenes, y los jóvenes no tienen nada que decir a los adultos, señalaba en una conferencia Francesc Vilà, psicoanalista y director sociosanitario de la Fundació Cassià Just -presente en estas jornadas-. "Y los adultos -continuaba- podemos ser útiles a los jóvenes si no perdemos el gusto por conversar".

No se trata de ser naif ya que la adolescencia siempre ha sido y será un periodo de transición hacia la vida adulta, en el que se crea un mundo propio y se busca la libertad. Pero hay que analizarlo conforme a la situación actual. "La complejidad social es enorme, se piden muchas habilidades educativas, la crisis y el paro ha cambiado las expectativas de futuro, las relaciones familiares son más complejas (aunque los jóvenes las valoran) y las pantallas han cambiado la forma de relacionase", señala Carme Gómez-Granell, directora del Institut Infància i Món Urbà (Ciimu), que ha organizado estas jornadas.

tribus urbanas adolescentes

Imagen de "Tribus Urbanas e Identidad Adolescente"

Carlos se siente lejos del mundo adulto. Incluso considera que su vida nada tiene que ver con la de los jóvenes veinteañeros. "No podemos comparar de ninguna manera la forma como hoy nos relacionamos a la de hace diez años", asegura. Estamos muy lejos, explica Sofía, queremos estar conectados a las pantallas, es nuestra forma de ser libres y los adultos deben recordar que ellos también lo buscaron a su manera.

Este es un debate viejo y nuevo, señalan los expertos. Por un lado, se demanda a los adolescentes que dejen de serlo. ¿Es esto correcto? "Les pedimos que se expresen y a continuación venimos nosotros a decirles lo que creemos que les conviene", indican. Lo mejor para encontrarse con un adolescente, se recordaba el jueves, es olvidar la propia adolescencia. Si no es así, nunca se les podrá escuchar de verdad.

Por ello, lo que se ha buscado en las jornadas es no clasificar la adolescencia sólo en función de los riesgos (fracaso escolar, botellón y drogas, problemas familiares, aislamiento de los no iguales por las nuevas tecnologías), sino en el contexto de la sociedad actual y las respuestas que se están dando. A modo de conclusiones, y partiendo de que hay elementos atemporales en esta etapa de la vida, hubo autocrítica entre los profesionales (educadores, abogados, psicólogos, trabajadores sociales), especialmente en el ámbito de la escuela.

El principal agujero negro, se señaló, es la educación. Concebida como una plataforma de preparación y de salida hacia el mundo laboral, la zozobra del mercado laboral y la evidencia que difícilmente se va a tener un trabajo seguro obligan a repensar las cosas. La educación siempre ha tenido dos componentes. Por un lado, la construcción de la persona y, por otro, la citada preparación para la inserción laboral. El énfasis se ha puesto durante muchos años en este segundo aspecto, y es el momento de recuperar el primero: ayudar a las personas a hacerse adultas y darles las herramientas para afrontar la vida.

Tampoco se ha actuado con la diligencia suficiente con las nuevas tecnologías. En sí no son buenas ni malas, pero la realidad es que se han creado unos instrumentos a los que los adolescentes han accedido en masa. "Ellos se han conectado, les hemos conectado -se señalaba ayer- mientras nosotros íbamos más lentos. Por poner un ejemplo, en los casos de acoso a menores en las redes hemos llegado tarde, cuando ya habían sucedido". Se han ofrecido sin manual de instrucciones.

Las estructuras familiares también han cambiado, los modelos son diversos, ya no están regidas de forma vertical por un pater familias. Y aquí hay que poner la mirada en el grupo familiar, no sólo en los chicos. Padres y madres están desorientados, explica Gómez-Gatell, no saben cómo educar y faltan actividades parentales, de guía, y políticas de conciliación. Los centros de salud mental están desbordados, cuando en realidad lo que hay es un problema emocional, y no de salud mental estrictamente, indica.

Estos son algunos de los déficits que se pusieron sobre la mesa y ante los que los profesionales consideran que su obligación y la de la sociedad es asumir un papel nuevo y no dejar solos a los adolescentes ante los cambios que se están produciendo, como si nadie quisiese nada de ellos. Pasar del debate a la concreción no es fácil pero se trataba de cambiar el punto de vista al calor de la conversación. Un tiempo para la conversación que se debe ampliar y donde hay que dar valor a lo que hacen. Las respuestas que se han dado hasta ahora, según el Ciimu, no sólo han sido insuficientes sino en ocasiones inadecuadas.

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